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Anthony Browne

Anthony Browne, nacido en Inglaterra el 11 de setiembre de 1946, ha logrado con sus libros-álbumlo que pocos autores-ilustadores alcanzan: cautivar por igual al público adulto, al especialista y al infantil. Sus libros han sido merecedores de la medalla Kate Greenaway en dos ocasiones y la candidatura al premio Andersen. Además ha ganado la simpatía de muchos niños que le escriben con frecuencia con personajes como Willy.

En sus historias e ilustraciones conviven lo humorístico con el mundo íntimo de sus personajes, la técnica realista con elementos surrealistas para el lector atento, animales antropomórficos con seres humanos que se comportan como animales, gorilas con ruda apariencia pero de tiernos sentimientos, niños sumisos y miedosos con niños dominantes y buscapleitos...

En este mundo de contrastes, los protagonistas -casi siempre niños (Ana, Rosa), animales que se comportan como niños (Willy), o mujeres opacadas (la señora De la Cerda)- hacen el titánico esfuerzo de sobrellevar el desamor, la indiferencia, la soledad, los celos, el aburrimiento y otros problemas. Para ellos Browne siempre arroja una esperanza. Los personajes sufren los contratiempos propios de la cotidianidad, pero su mundo está lleno de elementos surreales: muebles que se transforman en animales a lo Dalí, ventanas y hombres voladores que recuerdan a Magritte.

Los elementos decorativos ayudan a llevar el hilo de la narración. El papel tapiz, la selección de color, sombras sugerentes, junto con la repetición de patrones florales y barrotes, contribuyen a recrear lo que siente el protagonista en las distintas partes del cuento.

Tanto en El libro de los cerdos, como en Cambios, todo se transforma en el espacio físico. Conforme a las mutaciones de los hombres de la familia De la Cerda van ocurriendo, todas las cosas en la casa, desde el papel tapiz hasta los mismos interruptores, van adquiriendo el color rosado y forma de cerdo. Los sentimientos de angustia y zozobra de José Kaf se van manifestando en el zoomorfismo del mobiliario de la casa, así como también, en los indicios -cuadros y fotografías de maternidades- que anticipan cuál cambio es el que le anunció papá. La madrastra de Hansel y Gretel, en lugar de proyectar su sombra, proyecta una con sombrero de bruja; detrás de la cabeza del padre en Zoológico aparecen unos cachitos para representar su mal temperamento. En Gorila, como en muchos otros de sus libros, los cuadros aparecen trastocados: hay una Mona Lisa gorila, un afiche de Chaplin gorila, en lugar de Superman hay un Supergorila y una estatua de La Libertad con facciones de primate. Las alusiones a la historia del arte y a la cultura mediática también son empleadas por el autor con el fin de transmitir lo que acontece a sus personajes: en el encuentro de Ana con Gorila, todas estas referencias cambiadas parecen naturales, pues es lo que más desea la niña. Ningún elemento introducido por el autor es casual. Todos cumplen con el propósito de Browne: brindarle al lector la posibilidad de encontrar, a cada paso, algo distinto en cada lectura.

(Texto extraído de Folleto del Seminario Internacional de Ilustración de libros para Niños. El Mundo de la Ilustración. Banco del Libro; Centro Cultural Consolidado. Por Brenda Bellorín (1996))